Llevamos semanas con ambas cámaras en producción simultánea. No en un testeo de laboratorio: en sets reales, con tiempo real y presupuesto real. Este es el resultado.

La Komodo gana en portabilidad y resolución bruta. La Mini LF gana en piel, en altas luces y en ese je ne sais quoi que define a ARRI desde hace décadas. El sensor de formato más amplio de la Mini LF te da una profundidad de campo y un bokeh que ningún crop puede simular.

¿Cuál usamos? Depende del proyecto. Para documental y trabajo de cámara en mano: Komodo. Para campañas donde la imagen necesita respirar y tener peso: ARRI Mini LF sin dudarlo.