Cada proyecto empieza con una pregunta: ¿cuál es el estado emocional que debe sentir el espectador en los primeros tres segundos? Todo lo que viene después —la paleta, la topografía, el ritmo— es una respuesta a esa pregunta.

Mi proceso de dirección de arte empieza con referencias. No con el brief del cliente, sino con obras que resuenan con la esencia de lo que queremos decir. Paintings de Edward Hopper para una soledad urbana. Fotografías de Gregory Crewdson para una narrativa suspendida. La arquitectura brutalista para un sello institucional que habla de poder sin prepotencia.